Nathalie Ospina Lizarazo, ND, MSc.
La evidencia científica constituye uno de los pilares fundamentales en la toma de decisiones en salud. Sin embargo, con frecuencia se asume que una intervención exitosa en un determinado contexto producirá resultados similares en cualquier otro escenario.
Esta suposición pasa por alto un aspecto clave: la transferibilidad de la evidencia.
La transferibilidad se refiere a la posibilidad de aplicar resultados obtenidos en un contexto específico a una población o sistema diferente. Una intervención efectiva no necesariamente garantiza éxito en todos los contextos.
La transferibilidad de la evidencia se define como el grado en que la efectividad medida de una intervención puede lograrse en otro entorno o contexto. Hace referencia a si los resultados que se obtuvieron de la evaluación de una intervención (donde se hizo la investigación) pueden obtenerse en otro contexto específico (donde se planea implementar) (1,2).
Evaluar la transferibilidad implica responder una pregunta central: ¿podemos esperar resultados similares de una intervención en nuestra comunidad o contexto específico?
Implementar evidencia sin evaluar previamente el contexto puede conducir a intervenciones ineficientes, desperdicio de recursos o resultados inesperados. Antes de adoptar una intervención basada en evidencia, conviene formular al menos tres preguntas fundamentales.
La primera pregunta es aparentemente simple: ¿funcionará en nuestro contexto?
Responderla requiere comparar el contexto local con aquel en el que se generó la evidencia. Para ello, es necesario analizar si las características sociodemográficas, culturales y epidemiológicas de la población local son comparables con las de la población estudiada. También debe considerarse si la magnitud del problema es similar y si la intervención tendría la capacidad de alcanzar a una gran proporción de la población objetivo (2,3).
El entorno también influye de manera importante en el éxito de una intervención. Por ello, es indispensable analizar factores políticos, económicos, legislativos y las características propias del sistema de salud donde se planea implementar (2,3).
De igual manera, resulta fundamental evaluar si se dispone de los componentes esenciales que forman parte de la intervención y que son necesarios para garantizar su efectividad. Al mismo tiempo, es importante identificar qué elementos podrían adaptarse al contexto local y valorar si la intervención sería aceptable para la población objetivo (2,3).
La segunda pregunta es igualmente importante: ¿contamos con los recursos necesarios?
Toda implementación requiere financiamiento, infraestructura, tecnología y personal suficiente para sostener la intervención en el tiempo. La disponibilidad y adecuada gestión de estos recursos constituye un elemento crítico para su viabilidad.
Además de estimar el costo total de implementación (incluyendo suministros, espacio físico, tecnología y apoyo administrativo), también es necesario determinar si existe personal disponible para ejecutar la intervención y evaluar tanto el costo como la factibilidad de su capacitación (3).
En este proceso, resulta recomendable realizar una evaluación de los costos (costoefectividad o impacto presupuestal) que permita estimar si implementar la intervención en el contexto local representa una decisión eficiente desde el punto de vista económico (3).
Finalmente, surge una tercera pregunta fundamental: ¿tenemos la capacidad para implementarla?
No basta con disponer de recursos y contar con evidencia sobre una intervención efectiva. También se requiere capacidad técnica, organización institucional y condiciones operativas adecuadas para ejecutar la estrategia de implementación.
Es necesario evaluar si existe experiencia técnica suficiente y si la intervención se alinea con las prioridades locales, los intereses estratégicos y las necesidades del sistema. Así mismo, deben considerarse factores como la motivación institucional, el apoyo de los tomadores de decisión, la estructura organizacional, las características del sistema de salud y la disposición para incorporar nuevas ideas, todos ellos determinantes para garantizar la sostenibilidad de la intervención (2,3).
De manera complementaria, es indispensable identificar barreras y facilitadores propios del contexto que puedan obstaculizar o favorecer el proceso de implementación, con el fin de diseñar estrategias que permitan abordarlos oportunamente.
La evidencia necesita contexto
Evaluar la transferibilidad implica realizar un análisis sistemático y transparente que permita a los tomadores de decisión determinar si una intervención que funcionó en otro lugar realmente será útil en el contexto local (1,3).
En salud, implementar intervenciones no consiste únicamente en identificar qué funciona. También implica comprender dónde, cómo y bajo qué condiciones puede volver a funcionar.
Referencias
- Munthe-Kaas H, Nøkleby H, Lewin S, Glenton C, Booth A, Garside R, et al. The TRANSFER approach for assessing the transferability of systematic review findings. BMC Med Res Methodol. 2020;20:11. doi:10.1186/s12874-019-0834-5.
- Schloemer T, Schröder-Bäck P. Criteria for evaluating transferability of health interventions: a systematic review and thematic synthesis. Implement Sci. 2018;13:88. doi:10.1186/s13012-018-0751-8.
- Buffet, C., Ciliska, D., & Thomas, H. (2011). Will it work here? Tool for Assessing Applicability and Transferability of Evidence (Version A: When considering starting a new program.). Hamilton, ON: National Collaborating Centre for Methods and Tools.
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Nota La evidencia científica es indispensable para orientar las decisiones en salud, pero su verdadero impacto depende de qué tan bien se adapte al contexto donde será implementada. Evaluar la transferibilidad no significa cuestionar la calidad de la evidencia, sino aumentar las probabilidades de que una intervención genere los beneficios esperados en la población que realmente la necesita. Antes de implementar una estrategia que ha demostrado ser efectiva en otro lugar, vale la pena detenerse a analizar si nuestro contexto, nuestros recursos y nuestra capacidad de implementación son compatibles con las condiciones que hicieron posible su éxito. En implementación, la pregunta no es solo “¿qué funciona?”, sino también “¿funcionará aquí y por qué?”. En CEI-evidence creemos que las mejores decisiones se construyen integrando evidencia científica, conocimiento del contexto y diálogo entre investigadores, profesionales de la salud, gestores y pacientes. ¿Has enfrentado el reto de adaptar una intervención a un contexto diferente? ¿Conoces alguna herramienta para evaluar la transferibilidad de la evidencia o tienes preguntas sobre este tema? Te invitamos a compartir tus experiencias, dudas o comentarios. Nos encantará conversar contigo y seguir construyendo juntos una implementación de la evidencia más efectiva y contextualizada. Tips para empezar a implementar
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